La retirada del pañal

Un artículo de Beatriz Navarro, educadora de EMPI.

¿Llega el buen tiempo y te estas planteando quitarle el pañal a tu hijo?, ¿quieres aprovechar que estas en casa para retirarle el pañal y no sabes cómo hacerlo?, pues te invito a que antes de empezar leas estas aportaciones, pues el control de esfínteres es algo muy diferente a retirar el pañal y dejar que el niño se haga pis encima hasta que aprenda que eso no le gusta.

El control de esfínteres es un proceso madurativo, es una habilidad que se adquiere de manera progresiva, a través de un complejo recorrido que puede requerir más o menos tiempo y no depende de la voluntad del niño, sino de su desarrollo madurativo. El control de esfínteres no es un entrenamiento ni un aprendizaje, por lo que no hay que tratarlo como tal.

Lo que condiciona el empezar o no con el control de esfínteres no debe ser el periodo estival, ni un objetivo marcado por el adulto, sino la madurez del niño.

¿Cómo sé que mi hijo está maduro?

Hay ciertas señales que se pueden interpretar como que el niño está maduro o que nos muestran en qué punto del proceso se encuentra. En ningún caso vamos a marcar una edad concreta para empezar y no es cierto que se tenga hacer obligatoriamente en verano. Pues lo que se precisa es madurez del niño y un adulto que pueda estar disponible para acompañar el proceso.

Se trata de un proceso complejo y aunque el desarrollo y la madurez del niño es integral, vamos a mencionar varios aspectos madurativos que son imprescindibles para que se lleve a cabo la conquista del control de esfínteres.

Madurez neuro-fisiológica, en la pelvis están los órganos de la micción y la defecación, los músculos del suelo pélvico. Esta musculatura necesita hacer un proceso de maduración para que el niño puede hacer la contracción muscular y no haya escapes. Esto lo voy a observar cuando el niño identifica que tiene caca o pipi en el pañal, nombra y sabe que está haciendo cacá o pis y cuando sea capaz de mantener el pañal seco durante un periodo largo de tiempo porque su esfínter voluntario está fortalecido.

Madurez motriz, consiste en tener un buen control del cuerpo y una propiocepción adecuada del mismo. Esta madurez se muestra en que el niño camina, se sienta y se baja solo de una silla, se baja y sube la ropa con autonomía, pero sobre todo hay que observar que tenga seguridad postural ya que esto es lo que proporcionar al niño la estabilidad necesaria.

Madurez psicológica y emocional, el niño tiene que estar dispuesto a hacer ese cambio que implica la retirada del pañal y debe mostrar interés a esa renuncia. Es importante que ya sea consciente que es una persona diferente a su persona de referencia y que tenga cierta conquista de la autonomía. Es justo el momento en el que manifiestan su interés por hacer las cosas por ellos mismos: “yo sólo”, “yo puedo”, “mío” , “para mí”,…. Sentirse seguro de sí mismo y sentirse capaz es esencial para abordar este logro madurativo.

Empieza a interesar lo que sucede en el baño, el jarrito se convierte en un elemento cercano que quieren usar, llevar ropa interior encima del pañal le resulta divertido.

¿Qué tengo que hacer?

Es difícil establecer unas pautas rígidas o una receta mágica, en cada niño el proceso va a ser diferente. Lo que sí es importante y debe ser común a todos es que suceda de una forma natural y que el niño esté motivado e ilusionado con el nuevo proceso que está adquiriendo.

Cuando el niño ha adquirido la madurez de la que hemos hablado anteriormente, precisa de un contexto, de unas condiciones ambientales adecuadas, una realidad y un adulto que le pueda acompañar. Tenemos que confiar y saber que cada niño es diferente y va a tener su propio proceso.

Hay que hacer una observación del pañal, controlar cuanto tiempo permanece el pañal seco, observar que patrones repite, hasta que nos podemos anticipar a su momento de hacer caca o pipí. Es entonces cuando le proponemos si se quiere sentar y el niño decide si quiere o no quiere y es él quien decide cuándo levantarse, le hacemos una sugerencia, una invitación y le ponemos nombre a lo que esté sucediendo (has hecho pipí) y juntos echamos al W.C. y nos despedimos de la deposición, si es que hubiese salido. En el caso de que el niño se haya sentado y no haya nada, lo normal es que el adulto le diga que en otro momento lo volverá a intentar. Y en el caso de que la sentada haya tenido éxito, tenemos que mostrar cierta alegría, pero sin que sea la fiesta del siglo.

Durante este tiempo de intentos y de experimentación con el wáter y el jarrito, el niño irá con su pañal, se lo quitará para sentarse y volvemos a ponérselo después. Suele resultar bastante motivador el poner encima ropa interior.

La retirada completa del pañal vendrá cuando en numerosas veces aparece seco y limpio y hace pis o caca la mayoría de veces que se sienta. Esta retirada del pañal se le avisará al niño, y él tiene que estar de acuerdo.

Evitaremos la retirada del pañal si el niño está pasando por un proceso emocional intenso, como puede ser la llegada de un hermano, el cambio de casa, separación de los padres. El control de esfínteres es un proceso que precisa que nos sintamos seguros.

Iremos pasito a pasito consiguiendo pequeños logros. Si una vez retirado el pañal se moja o se ensucia la ropa interior, no pasa nada, se limpia al niño y no hay ni reprimendas, con naturalidad se le dice que lo vamos a limpiar y se cambia de ropa. Si todo esto sucede en verano, facilita el cambio de ropa, de ahí que se suela pensar que el control de esfínteres se lleva a cabo en verano.

¿En el wáter o en el jarrito?

Para mí el jarrito tiene la ventaja de que el niño puede sentarse y levantarse con total autonomía, puede apoyar los pies en el suelo y la postura es más segura.

El wáter de casa no suele ser del tamaño adecuado para el niño, puede que sea demasiado grande a pesar del adaptador. Hay veces que cuando hacen caca en el wáter, en especial las primeras veces, la sensación de pérdida de algo de su cuerpo, les provoca cierto miedo, cierta inseguridad. Y esto es importante, porque hasta entonces hacían sus deposiciones en el pañal, sin ser muy conscientes de la salida de estas y ahora al hacerlo en el wáter esa sensación de gravedad al perder un trozo de tu cuerpo, puede ser bastante intensa, es lo que los expertos denominan como shock de la primera vez o el choque de la caca.

Puede resultar interesante empezar con el jarrito y pasar al W.C. con posterioridad.

Es importante que no sentemos o pongamos al niño en una postura que él no haya adquirido por él mismo, sentarlo en el WC, si él no puede sentarse ahí solo, va a hacer que no pueda bajarse con comodidad y lo estaremos inmovilizando en el wáter, con lo que la experiencia puede ser bastante negativa.

El control de esfínteres es un proceso de desarrollo y como tal no será lineal, puede que haya retrocesos y esto entra dentro de la normalidad.

¿Cómo sería una síntesis del proceso?

  • El niño está maduro en su desarrollo.
  • Muestra interés por el orinal y/o por el wáter.
  • Reconoce lo que está haciendo, aunque no lo puede retener.
  • Anticipa y es capaz de contener.
  • Retirada del pañal durante el día.
  • Retirada del pañal durante la siesta y la noche.
  • Va con autonomía al baño.

El control de esfínteres no requiere una intervención constante y activa de un adulto que intenta acelerar un proceso natural, sino que necesita de un adulto que observa, acompaña y respeta el ritmo madurativo.

No hay prisas, no hay comparaciones, ni chantajes, nada de castigos, ni reacciones negativas ante su evolución. Precisamos calma, compresión, tiempo, naturalidad y confiar en la capacidad del niño.

Si crees que tu hijo está preparado y el contexto es adecuado, ánimo y disfrutad juntos del nuevo logro.

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