La psicomotricidad vivenciada desde la práctica psicomotriz Acouturier.

La primera infancia es la etapa determinante en el desarrollo del niño, en la que el cuerpo es su principal vía de comunicación, de ahí la importancia de la psicomotricidad en estas edades.

La Práctica Psicomotriz Acouturier, plantea una metodología que parte de lo que el niño es y sabe hacer según su momento madurativo y afectivo y lo acompaña en su desarrollo favoreciendo el paso del placer de actuar al placer de pensar.

A través del juego espontáneo, el niño se pone en relación con él mismo, con sus iguales, con los adultos, con el espacio y con los objetos y todo esto se lleva a cabo dentro de la sala de psicomotricidad. Un espacio con unos materiales y un horario establecido y acompañados por un psicomotricista que, basándose en su formación, va haciendo propuestas que ayudan a los niños y niñas a evolucionar, estableciendo unos límites claros para asegurarles tanto física como emocionalmente.

Las sesiones se van a dividir en varios momentos:

  • Un ritual de entrada, donde el psicomotricista se encuentra con los niños y niñas. Un momento de acogida, se recuerdan las cosignas de la sesión y que deben ser respetadas y se prepara el cuerpo para la acción.
  • Momento de Expresividad motriz. Es el tiempo por excelencia para la sensoriomotricidad y ocupa la mayor parte de la sesión. Éste momento comienza con el derribo de una pila de cojines, un muro realizado por el adulto previamente y que permite que se libere una intensa emoción colectiva. Luego se da lugar a los juegos de placer sensoriomotor que permiten perder los límites manteniendo la sensación de unidad. Si el niño es acompañado y sostenido por el psicomotricista podrá llegar a realizar acciones y movimientos cada vez más armónicos. Estos juegos van evolucionando hacia los juegos simbólicos de “hacer como si…”
  • Momento de la narración de la historia. Se cuenta a veces una historia o un cuento referido a temas surgidos en la sesión. La función del cuento o la narración es estructurar las vivencias y ayudar a canalizar las emociones vividas.
  • Fase de representación. En esta fase, a través de construcciones o de dibujos se favorece el paso a las representaciones mentales, que son resultado de toda la movilización del imaginario que se ha producido a través del trabajo anterior por la vía del cuerpo y de las emociones.
  • Momento final o ritual de salida. Prepara el paso del niño a otro espacio. Es un momento de reagrupamiento y despedida hasta la siguiente sesión.

Por María López-Chicheri, Psicomotricista, Pedagoga y Técnico Superior en Educación Infantil.

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