Acompañando al gateo

Llegar al gateo, como cualquier otro logro del niño en su proceso de crecimiento, es o debería ser un triunfo personal. 

He trabajado muchísimos años con niños y he tenido el lujo de ser espectadora de la gran ilusión que reflejan en su cara, cuando después de muchos intentos y esfuerzos, consiguen ese logro que han perseguido durante semanas. Eso quiere decir que si la intervención del adulto, por ayudar, le priva de ese momento, le está privando de algo muy valioso. ¿Y por qué es tan valioso? Porque ahí el niño está viviendo, la constancia, la frustración, el esfuerzo, la búsqueda de soluciones y finalmente la autoestima al lograrlo. 

Así que, como muchas otras “conquistas”, el gateo debe ser un logro personal respetando el proceso de cada niño. Porque cada niño es único, así como cada familia. Socialmente los adultos se pueden contagiar de la presión de ¿quién lo hace primero?. A veces los adultos somos los que transmitimos a los hijos que esto es una competición a ver quien hace antes tal o cuál cosa. Pero lo importante no es quién lo hace antes, sino hacerlo permitiendo el proceso de cada niño.

Un bebé protagonista de sus conquistas motoras además, aprende cuáles son sus posibilidades y cuáles son sus límites. Así que posiblemente se dañará menos, porque no se arriesgará a hacer algo para lo cual no se siente preparado. Ahora bien, si tiene a su lado un adulto que le está achuchando con gran ilusión para que haga algo, entonces sí es posible que se arriesgue para complacer a un adulto referente para él.

Así pues, como se puede ver, la actitud del adulto es sumamente importante. El adulto acompaña y facilita, está a disposición del niño y no a la inversa. Valora cada logro intentando que no haya juicio (muy bien) sino una sonrisa, una mirada amorosa, una descripción ilusionada del logro realizado… Porque los movimientos que realiza el bebé requieren de un gran esfuerzo y producen cansancio. No es cualquier cosa su “ejercicio” diario.

Todos los aprendizajes de los bebés tendrán repercusión en su desarrollo. Y es positivo facilitarlos, en la medida de lo posible. En los seres humanos no hay reglas que aseguren que ante una experiencia, habrá un resultado concreto, ya que hay muchos factores que están presentes. Esto quiere decir que en este artículo el objetivo es darle al gateo una importancia que a veces se trivializa, en pro del caminar del bebé. En ningún caso se afirma que si el bebé no gatea tendrá problemas evolutivos que deberán ser tratados.

Otros beneficios del gateo:

  • Al experimentar la contralateralidad (avanza un brazo y la pierna contraria), ayuda a estimular el desarrollo del cuerpo calloso, que conecta ambos hemisferios cerebrales.
  • El patrón cruzado además es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal en equilibrio del cuerpo humano. Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros.
  • Tonifica adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente recta cuando esté maduro para ponerse de pie.
  • Desarrolla, junto con los juegos de regazo, el sistema vestibular (equilibrio) y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo. Mediante el sistema propioceptivo, el cerebro recibe la información sobre la posición y el movimiento de las partes del cuerpo entre sí y en relación a su base de soporte.
  • Permite el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos.
  • El niño siente la tactilidad de la palma. Al movilizar la palma de la mano, además de estimular la motricidad fina, recibe información que envía al cerebro sobre si posición, las sensaciones y las diferentes texturas que siente. También al gatear el niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.
  • Le ayuda a medir el mundo que le rodea. La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es “la braza”, una medida fundamental en todas las civilizaciones.
  • Desarrolla la coordinación oculo-manual, que necesitará para poder escribir en el futuro.
  • Supone una adquisición de la autonomía ante los adultos y por lo tanto, una oportunidad de descubrir y experimentar el entorno.

Acompañamiento al gateo

Vaya por delante que yo creo en la labor interdisciplinar como un enriquecimiento de la intervención desde diferentes visiones. Todos aportamos desde nuestra disciplina y nos complementamos para poder ayudar de la mejor manera posible.

Como psicóloga especialista en infancia y psicomotricista ofrezco un acompañamiento para que los progenitores puedan facilitar, y no entorpecer, el desarrollo motriz natural del bebé hacia el gateo. Ofrezco explicaciones e indicaciones sencillas que ayudan a que el bebé pueda experimentar cada uno de los pasos necesarios para su óptimo desarrollo psicomotriz. 

A menudo sin mala intención, el adulto facilita al bebé diferentes posiciones y lo hace un ser pasivo a la espera de que otro lo movilice. El bebé tiene multitud de capacidades para ir avanzando en su propia movilidad y con un buen acompañamiento, va a poder disfrutar y aprender de cada una de ellas.

Es importante empezar este acompañamiento entre los 4-5 meses, si es posible. No porque el bebé deba gatear a esta edad, sino porque todos los movimientos previos son imprescindibles para preparar el cuerpo para el gateo. Pero aún así, si se ha conocido este servicio más tarde, se intentará recuperar de manera lúdica, la mayor parte de los movimientos relacionados con el gateo por todos los beneficios que tienen a nivel fisiológico y psicológico.

Es cierto que a veces, por desconocimiento, se acude a este servicio cuando se observa que el bebé no gatea o se desplaza inadecuadamente con unos movimientos que parecen más complicados que el gateo. En estos casos no se fuerza al bebé la postura del gateo sino que se intenta recuperar todo lo que sea posible los movimientos previos para cambiar las percepciones corporales, ofrecer nuevas experiencias propioceptivas y dar seguridad y confianza suficientes para que el bebé pueda cambiar ese “vicio” que le es seguro en ese momento, por el nuevo desplazamiento que será el gateo. En estos casos, la constancia de los padres al llevar a cabo todas las indicaciones que se ofrecen, marcará una parte importante de las posibilidades de recuperar el gateo. Al fin y al cabo será un momento lúdico de juego compartido porque sólo desde el disfrute y el vínculo afectivo, el bebé estará motivado para experimentar los nuevos movimientos sugeridos y afianzarlos.

(En este artículo se utiliza el genérico “niño” para referirse a ambos sexos)

Ana Fernández Salas. 

Psicóloga. Psicomotricista. Educadora y Formadora de Masaje Infantil IAIM-AEMI

anafsalas@gmail.com        629 73 25 00    @ana_fernandezsa   

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